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Serie Editorial - Parte 1 5 min

Sugar Dating en México: cuando las relaciones comienzan por hablar

Dinero, tiempo, compañía, expectativas y libertad. El llamado Sugar Dating incomoda porque convierte en conversación explícita elementos que siempre han estado presentes.

Dinero, tiempo, compañía, expectativas y libertad. El llamado Sugar Dating incomoda porque convierte en conversación explícita elementos que, de una forma u otra, siempre han estado presentes en las relaciones humanas. En México, su crecimiento obliga a mirar el fenómeno más allá del estereotipo.

Durante generaciones nos enseñaron una versión relativamente cómoda del amor.

Dos personas se conocen. Surge una atracción. Después vienen las citas, las promesas, quizá el noviazgo, posiblemente una vida en común. El dinero existe, por supuesto, pero se supone que no debe mencionarse demasiado. Las expectativas también existen, aunque muchas veces permanecen ocultas. Los sacrificios, las diferencias de edad, el estatus social, la estabilidad económica, los contactos, las experiencias, el tiempo disponible y hasta aquello que cada persona espera recibir de la relación forman parte de una negociación silenciosa.

El Sugar Dating altera ese guion por una razón particularmente incómoda:

pone algunas de esas expectativas sobre la mesa desde el principio.

Y justamente ahí comienza tanto su atractivo como su controversia.

No se trata simplemente de “un hombre mayor con una mujer joven”, como suele reducirse el fenómeno en redes sociales. Tampoco puede definirse automáticamente como una relación sentimental tradicional, ni puede asumirse que todas las relaciones denominadas sugar funcionan de la misma manera.

Es, antes que nada, un término contemporáneo utilizado para describir relaciones entre personas adultas en las que existe una diferencia —frecuentemente de edad, experiencia, posición económica o estilo de vida— y donde ambas partes reconocen abiertamente que esperan obtener determinados beneficios de la relación.

Estos beneficios pueden ser emocionales, sociales, materiales, económicos, profesionales o una combinación de ellos.

El punto esencial no es solamente lo que se intercambia.

Es que aquello que se espera debería ser conocido, consentido y aceptado por ambos.


El amor nunca estuvo completamente separado de la realidad

Una de las dificultades para hablar seriamente del Sugar Dating es que obliga a reconocer algo que la narrativa romántica tradicional prefiere ignorar:

las relaciones humanas nunca han sido completamente ajenas a factores económicos y sociales.

Durante siglos, matrimonio, patrimonio, posición familiar, seguridad económica y movilidad social estuvieron profundamente entrelazados.

Incluso en las relaciones contemporáneas aparentemente alejadas de cualquier lógica económica seguimos tomando decisiones relacionadas con profesión, nivel educativo, estabilidad, ambiciones, apariencia, edad, círculo social y proyecto de vida.

Esto no significa que todas las relaciones sean transacciones.

Significa algo bastante distinto:

el afecto y la realidad material nunca han vivido en universos completamente separados.

El Sugar Dating lleva esa conversación hacia un terreno mucho más explícito.

Una persona puede buscar compañía, admiración, cercanía emocional, espontaneidad o experiencias diferentes a las de su entorno habitual.

La otra puede valorar estabilidad, apoyo, experiencias, mentoría, acceso a determinados ambientes o simplemente una relación en la que no tenga que adivinar durante meses cuáles son las intenciones de la contraparte.

A partir de ahí pueden construirse relaciones extremadamente diferentes entre sí. Algunas permanecen relativamente superficiales. Otras desarrollan amistad. Algunas incorporan romance. En otras aparece una verdadera vinculación emocional. Y algunas terminan simplemente porque el acuerdo deja de funcionar.

Lo interesante es que el Sugar Dating no necesariamente elimina las emociones.

En ocasiones ocurre exactamente lo contrario:

una relación inicialmente pragmática puede terminar desarrollando sentimientos que nunca formaron parte del acuerdo original.

Y ahí comienza otra historia.


Sugar Daddy, Sugar Mommy y Sugar Baby: etiquetas imperfectas para relaciones mucho más complejas

El lenguaje popular simplificó rápidamente el fenómeno.

Se denomina Sugar Daddy generalmente al hombre adulto con mayor estabilidad económica que establece una relación con una persona más joven. La expresión Sugar Mommy describe una dinámica semejante protagonizada por una mujer. Y Sugar Baby suele utilizarse para la persona más joven dentro de la relación.

Pero estas etiquetas pueden engañar.

Primero, porque no necesariamente describen una estructura sentimental única. Segundo, porque no establecen automáticamente qué ocurrirá dentro de la relación. Y tercero, porque detrás de las palabras existen personas adultas con motivaciones muy distintas.

La academia también ha señalado que estas dinámicas deben observarse dentro de estructuras sociales más amplias. Una especialista de la Facultad de Psicología de la UNAM, por ejemplo, ha relacionado parte del fenómeno con desigualdades económicas, cuestiones de género y diferencias de acceso al poder económico entre generaciones.

Ese análisis introduce una dimensión que cualquier aproximación seria al tema debe reconocer:

una relación puede ser consensuada y, al mismo tiempo, desarrollarse dentro de una sociedad donde existen desigualdades reales.

Ignorar cualquiera de las dos dimensiones produciría un análisis incompleto.


Entonces, ¿qué distingue al Sugar Dating?

Probablemente una palabra:

Claridad.

En su versión más responsable, el principio fundamental de una relación de mutuo acuerdo consiste en reducir deliberadamente la ambigüedad.

  • ¿Qué estás buscando?
  • ¿Qué no estás buscando?
  • ¿Cuánto tiempo deseas dedicar a una relación?
  • ¿Quieres exclusividad?
  • ¿Prefieres mantener vidas completamente independientes?
  • ¿Esperas compañía ocasional o una relación frecuente?
  • ¿Qué límites existen?
  • ¿Qué situaciones son inaceptables?
  • ¿Qué nivel de privacidad necesitas?
  • ¿La relación contempla apoyo material?
  • ¿Qué ocurre si alguno desarrolla sentimientos?
  • ¿Puede cualquiera terminar la relación libremente?

Preguntas como éstas resultarían extraordinariamente útiles en casi cualquier relación convencional. Sin embargo, muchas parejas tardan meses —a veces años— en formularlas.

El Sugar Dating intenta plantearlas mucho antes. Eso no garantiza el éxito. Pero modifica la arquitectura inicial de la relación.

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